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Los cambios

Que bicho de costumbre que es el ser humano, al toque nos acostumbramos a las cosas, a las personas y situaciones.

En seguida nos asentamos en eso, sea bueno o malo, y nos quedamos ahí, por temor, por comodidad, porque «más vale malo conocido, que peor por conocer».

Y cuando algo cambia, porque así es la vida señores y señoras, siempre cambia, no permanecemos ni en el mismo estado de ánimo, ni en la misma situación eternamente, somos efímeros lo queramos o no.

Cuando algo cambia, colapsamos, nuestro mundo tiembla, nos sentimos vulnerables al no estar aferrados a eso conocido, y nos vemos como perros perdidos, sin rumbo fijo, sin lugar a donde ir.

Si tuviera que dar un estado clínico seria: alérgicos a los cambios, eso es lo que somos, hasta a los cambios de estación le tenemos alergia. Pero no hay nada más lindo que eso, los cambios, el florecimiento, el frío, el calor, esa brisa que hace caer las hojas.

Esos vientos de cambio, que nos obligan a dejar de estar adormilados y despertarnos, a salir del estado de confort y asumir el riesgo, y embarcarse en una nueva aventura, más arriesgada, quizás, pero emocionante, y cambiar, porque todo cambio siempre es para mejor.